sábado, 9 de febrero de 2019

KNIT HOTEL

Mi amiga Alicia y yo llevamos ya muchos años haciendo Punto en público. En octubre de este curso (2018-2019), las circunstancias nos abocaron a quedarnos solas en el grupo, ella y yo, one to one, por lo que la situación debía ser renovada. El hecho que que ella iba a tener un nieto en enero, nos llevó al lugar adecuado en el momento oportuno: nos fuimos tejer y a tomar el té a la sala de lectura del Hotel Victoria Palace (en San Lorenzo de El Escorial), hecho insólito del que éramos pioneras. El resultado fue magnífico, pues al estar menos distraídas que en lugares más concurridos pudimos dedicarnos por completo a preparar el ajuar de Guillermo.

El ambiente acogedor de hotel decimonónico, con todo el encanto de lo decadente, su silencio, su suave ajetreo de idas y venidas en la distancia y la aventura de estar rompiendo moldes, hacían que cada martes fuera una auténtica fiesta. Punto a punto, hilera a hilera, pieza a pieza, tejíamos el amor, la fe y la esperanza, algo que se manifestaba de modo tangible en la canastilla que se iba llenando.

Durante esas horas tan inolvidables, vivimos cosas muy importantes y apreciamos lo que es la verdadera amistad, que cuando es real y sólida puede afrontarlo todo. Nada crea lazos más resistentes y flexibles que el tejer junto a otro tejedor. Hay momentos de largos silencios compartidos en los que la concentración es máxima, la atención hacia la labor total y el respeto mutuo es sagrado.

La espera tuvo final feliz y, según estaba previsto, con una puntualidad extrema, Guillermo llegó al mundo el 14 de enero del 2019. Las primeras fotos que recibí del acontecimiento me produjeron una gran emoción y me llenaron de ternura e ilusión. A los pocos días, la abuelita feliz mostraba a todo el mundo con orgullo el primer faldón de su queridísimo nietecido hecho por ella, que le estaba perfecto.

Qué pena me da que se vayan perdiendo estas preciosas constumbres de preparar la llegada de un niño con la mayor delicadeza y pulcritud. Afortunadamente, las madres de las nuevas generaciones no renuncian a la maternidad y vuelven a apreciar estos tesoros que se van transmitiendo de generación en generación. Lo más vanguardista, actualmente, es elegir trabajar en casa para poder disfrutar del recién nacido. La vida es un proceso y todo evoluciona, se transforma, pero hay valores imperecederos. 


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